En los últimos años, China se ha situado a la vanguardia del sector energético gracias al desarrollo de tecnologías punteras en ámbitos como las renovables, los coches eléctricos y la energía nuclear.
Uno de sus logros más recientes ha sido el desarrollo de una batería nuclear capaz de proporcionar energía durante décadas a pequeños dispositivos electrónicos. Esto representa un gran avance respecto a otros modelos anteriores que indican el empeño de China por dominar esta tecnología.
Una batería más pequeña y eficiente
El nuevo modelo representa toda una mejora en cuanto a eficiencia respecto a modelos anteriores. Su diseño se ha realizado por la Universidad Normal del Noroeste, en Pekín, en colaboración con una empresa tecnológica china.
La nueva batería cuenta con un tamaño de menos de 17 cm³, capaz de generar mayor cantidad de electricidad con unas necesidades de combustible nuclear de hasta un 22% menos que su predecesora.
Energía durante generaciones
El funcionamiento de este tipo de baterías se basa en el proceso natural de desintegración de los elementos radiactivos.
Con el transcurso del tiempo, estos materiales van perdiendo radiactividad de forma continua en un proceso que se conoce como desintegración nuclear. En el caso del modelo chino, el combustible que utiliza es el carbono-14, que cuenta con una vida media de unos 5730 años.
Este lento periodo de desintegración abre un escenario de baterías con vidas útiles muy por encima de las actuales baterías electroquímicas cuya duración es de meses o años. Con estos modelos se puede hablar de electricidad durante décadas e incluso siglos, si bien condicionado por la menor durabilidad de los otros elementos de la batería que son más perecederos.
Un uso limitado
Sin embargo, las baterías nucleares no están pensadas, por el momento, para producir grandes cantidades de energía. El ejemplo chino solo es capaz de generar una potencia de 1,13 microvatios. Una cantidad millones de veces más pequeña que las necesidades energéticas de teléfonos móviles o vehículos eléctricos.
Por ello, sus desarrolladores plantean estas baterías solo para dispositivos que tengan un bajo consumo energético pero que requieran de una larga vida útil sin necesidad de mantenimiento, como los sensores ambientales, instrumentos científicos, dispositivos espaciales e incluso algunos implantes médicos.
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En la actualidad, este tipo de tecnología ya forma parte de la ingeniería espacial, estando a bordo de sondas como las Voyager 1 y 2, o el robot Perseverance en Marte.
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