Un chispazo eléctrico borró este pueblo del mapa: así han evitado que vuelva a ocurrir

Un chispazo eléctrico borró este pueblo del mapa: así han evitado que vuelva a ocurrir

Hace 17 años, Marysville, un pintoresco pueblo de Australia, fue borrado del mapa casi por completo: el fuego destruyó cerca del 90% de sus edificios y causó la muerte de 39 personas. Fue la zona más dañada de la cadena de incendios forestales que devastaron el estado de Victoria en 2009. El día que se iniciaron, el sábado 7 de febrero, es conocido como Black Saturday. El amargo nombre encaja en dos sentidos: el cielo se tiñó por completo de negro, y se desencadenó un desastre que dejó 173 fallecidos, más de 500 personas heridas y 450.000 hectáreas arrasadas en todo el país.

Algunos focos fueron provocados y otros accidentales, pero la mayoría se debieron a una combinación de factores: calor extremo, viento fuerte, vegetación muy seca y muy inflamable, y fallos en el tendido eléctrico. Todo apunta a que es la misma combinación que ha provocado el reciente incendio de Los Gallardos (en Almería), con trece fallecidos y 7.000 hectáreas quemadas.

No es el único. Un verano más, España está ardiendo. Aunque somos uno de los países europeos más castigados por el fuego, hay muy poca información sobre sus causas. Las últimas cifras disponibles, de hace una década, apuntan a que al menos el 1,4% se debe a problemas en torretas y cables eléctricos. Es imposible saber si es una tendencia al alza o a la baja. Lo que sí sabemos es que este tipo de incendios, que suelen desencadenarse en líneas ubicadas en zonas rurales aisladas o de difícil acceso, tardan más en detectarse y escalan muy rápido.

Marysville fue la prueba viviente de ello, y el Gobierno de Victoria dijo basta. «Tras los trágicos sucesos del Sábado Negro de 2009, tomó medidas para reducir el riesgo de incendios forestales provocados por cables eléctricos al descubierto y darle a la comunidad una mayor protección», explica a este periódico un portavoz del Departamento de Energía, Medio Ambiente y Acción Climática del Gobierno de Victoria (DEECA, por sus siglas en inglés).

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A partir de las recomendaciones de la Comisión Real sobre los Incendios Forestales de Victoria de 2009, que elaboró un extensísimo análisis a la altura de la gravedad, dos años más tarde se puso en marcha el Powerline Bushfire Safety Program (PBSP), un programa millonario de seguridad contra incendios forestales en líneas eléctricas. Entre las medidas, la más novedosa tiró de tecnología puntera para apagar la luz antes de que sea demasiado tarde.

Un interruptor para apagarlos a todos

Si una torreta se precipita sobre el tendido o se rompe un cable y cae al suelo, el fallo a tierra genera un chispazo enorme que puede provocar un arco eléctrico y encender rápidamente la vegetación seca. Es como prender una cerilla sobre yesca, pero en este caso la temperatura puede superar los 1.000 grados y las hojas secas son un bosque entero. Es lo que sucedió en Marysville: un cable con corriente activa cayó sobre una valla metálica, que se electrificó y emitió chispas en un terreno que, tras meses de sequía, era un polvorín.

Para que esto no suceda, lo ideal sería poder apagar la corriente justo antes de que eso pase. Es lo que consiguen los Rapid Earth Fault Current Limiters (REFCL), limitadores rápidos de corriente de fallo a tierra en español, un dispositivo de protección de red muy avanzado que funciona como un gran interruptor de seguridad: detecta si las líneas eléctricas entran en contacto con árboles o con el suelo y reduce la tensión de esa línea en milisegundos. Como el diferencial que hace saltar la luz en tu casa, pero a una escala muchísimo mayor y ultrarrápida. En el vídeo, se ve una prueba realizada en condiciones meteorológicas similares a las del Sábado Negro. La corriente cae de 15 amperios a cero en 55 milisegundos.

Además, al contrario de lo que ocurre con el diferencial, los REFCL mantienen el servicio. «Detectan fallos permanentes, como una línea rota o caída, que interrumpen el suministro eléctrico. También detectan fallos temporales, como la vegetación que entra en contacto brevemente con una línea. Pero, tal y como están diseñados, no interrumpen el suministro eléctrico«, señalan desde el DEECA a El Confidencial. Reducen el voltaje por debajo de la energía necesaria para arder donde se ha roto o donde ha habido contacto, y lo elevan en las fases sanas para compensar y evitar que se corte la luz.

Victoria se convirtió en el primer lugar del mundo en implementar esta tecnología, que además se legisló de instalación obligatoria. Tienen instalados 45 interruptores de seguridad gigantes a lo largo de más de 31.000 kilómetros de líneas de alta tensión en las zonas de mayor riesgo del estado, lo que cubre la mitad de su red.

En un año se evitaron 33 incendios forestales potencialmente catastróficos gracias a 19 interruptores REFCL

«El uso de REFCL para la prevención de incendios forestales es una primicia mundial que ya ha sido reconocida a nivel internacional. Reducen hasta en un 70% el riesgo de que se produzcan por las líneas eléctricas. Se están llevando a cabo ensayos para seguir nuestro ejemplo en zonas de California propensas», afirma el portavoz de DEECA. La realidad les avala: desde que se completó el programa de seguridad en las líneas eléctricas, no se ha registrado ningún incendio forestal grave provocado por la red de distribución en todo el estado de Victoria.

Casas y ciudades como aves fénix

Los REFCL son la joya de la corona de un programa más amplio que también ha modernizado las infraestructuras eléctricas y sustituido o enterrado 734 km de líneas de cable desnudo. Donde soterrar el cable era imposible por la orografía, cambiaron los cables antiguos de aluminio (como los que usamos en la mayor parte de los montes españoles) por líneas cubiertas con aislamiento reforzado.

Para decidir dónde apuntar, la agencia científica nacional de Australia (CSIRO) desarrolló modelos de riesgo de incendios forestales con big data a partir de datos espaciales, de carga de combustible forestal y de proximidad de la población, para mapear poste a poste los que tendrían peores consecuencias si se quemaran. La red española es casi seis veces más extensa que la de Victoria. Sería económicamente inviable enterrar o sustituir todos nuestros cables, así que una aproximación así tendría sentido.

En Marysville se quemaron 590 casas, comercios y la escuela primaria. (EFE/Julian Smith)

Mejorar la red eléctrica solo resuelve una pequeña parte del problema. Con aquel sábado tan negro, los habitantes de Victoria se dieron cuenta de que tenían que atajar muchas variables. Con 1.800 viviendas destrozadas por los incendios, había mucha hoja en blanco sobre la que empezar.

«Todas las estructuras nuevas o de sustitución construidas desde 2009 deben cumplir con normas y códigos estrictos para que sean edificios altamente resistentes al fuego. Las nuevas tienen que tener suministro de agua, accesos y señalización para los bomberos», desgrana para El Confidencial Alan March, catedrático especializado en urbanismo y reducción del riesgo de desastres, sobre todo incendios forestales, de la Universidad de Melbourne (Victoria).

La norma para edificación en zonas más propensas obliga a tejados de materiales no combustibles, fachadas de hormigón o piedra caliza compactada, y cristales y contraventanas resistentes al fuego. Un blindaje que se remata al separarlas obligatoriamente de la vegetación. Esta, bien usada, puede actuar como un cortafuegos, como «la plantación estratégica de vegetación no inflamable o el uso de campos deportivos u otros elementos”, detalla March.

Al reconstruir el pueblo, se soterró toda la red de cableado eléctrico y de telecomunicaciones de las zonas vulnerables. En la imagen, Marysville en julio de 2025. (BobTanGo)

La reconstrucción de localidades como Marysville o Kilmore East, que habían quedado reducidas a cenizas casi en su totalidad, también incluyó cambios en el asentamiento y los planes urbanísticos. Desde que se levantaron originalmente, el clima ha cambiado. La crisis climática provoca veranos más calurosos, secos y ventosos, con temporadas de incendios forestales más largas.

Por eso, el profesor, que a raíz del Black Saturday creó una nueva titulación en la Universidad de Melbourne de planificación y diseño ante estos eventos, recuerda que una reconstrucción debe tener en cuenta los riesgos actuales. «Es importante aumentar la resistencia al fuego y disponer de fuentes de agua adicionales para su extinción», detalla. Aunque también, alerta, «puede darse el caso de que algunos lugares sean simplemente demasiado peligrosos para vivir en ellos«.

Evitar que un pueblo español desaparezca bajo las llamas

March, que ha asistido en España a congresos y viajes de investigación relacionados con los incendios forestales, dice seguir con interés y preocupación los de este verano en la península. Cree que las medidas para el sistema eléctrico, vegetación y planificación urbana que implementó Victoria sirven también para España, tanto para las áreas que habrá que levantar tras el fuego, como para mejorar las viviendas y pueblos actuales.

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«Recuerdo ver muchos edificios en España que sus propietarios consideraban a salvo porque estaban construidos en piedra. Pero algunas estructuras eran vulnerables debido a pequeños defectos, como orificios de ventilación que permitían la entrada de brasas, o huecos en las cavidades del tejado o bajo los suelos», detalla. Otras casas eran ratoneras. Entiende que no siempre es viable reconstruir, pero, en última instancia, recuerda la importancia de tener al menos un plan de evacuación.

En Australia reforzaron los programas de educación y concienciación ciudadana tras el infierno de 2009. March cree que es una responsabilidad comunitaria a la que España también puede sumarse: «Hay que transmitir mensajes mucho más claros para fomentar los planes contra incendios y la evacuación temprana. Nunca habrá suficientes recursos para hacer frente al fuego en los peores días, pero que todos tomemos medidas marcará una diferencia con el tiempo».