Una etapa superior de un cohete Falcon 9 de SpaceX se estrellará este miércoles 5 de agosto contra la superficie lunar, luego de permanecer más de un año a la deriva en el espacio. El impacto ocurrirá cerca del cráter Einstein, en el borde occidental de la cara visible de la Luna, a las 08:35 horas de la España peninsular (06:35 UTC).
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El objeto está catalogado en los registros orbitales como 2025-010D. Tiene un peso aproximado de cuatro toneladas y se aproxima a la superficie lunar a una velocidad cercana a los 8.700 kilómetros por hora, atraído por la gravedad del satélite.
Origen del objeto
La etapa despegó el 15 de enero de 2025 desde Cabo Cañaveral, en Estados Unidos, en un lanzamiento que llevó al espacio dos módulos lunares de compañías distintas a SpaceX.
Uno era el Blue Ghost Mission 1, de Firefly Aerospace, que alcanzó la Luna el 2 de marzo de 2025 y logró un alunizaje exitoso.
El otro era el Resilience, de la firma japonesa ispace, que transportaba un róver y terminó estrellado contra la superficie tras fallar en su descenso.
La etapa del Falcon 9, entretanto, quedó vagando por el espacio hasta terminar encaminada hacia una colisión con la Luna.
Difícil de ver desde España
Al momento del choque, la zona lunar del impacto estará iluminada por el sol, lo que hará casi imposible observar el destello desde España.
Las condiciones más favorables para el seguimiento del fenómeno se darán en algunos puntos de Estados Unidos y Canadá, donde será de noche y la Luna estará visible sobre el horizonte. Aun así, no podrá apreciarse a simple vista: se requerirán telescopios con cámaras de grabación de alta velocidad. Varios observatorios y astrónomos aficionados ya planean intentar captar la nube de material que se levantará tras el choque.
Utilidad científica del impacto
Para la comunidad científica, la colisión representa una ocasión poco común de estudiar, en condiciones controladas, cómo reacciona la superficie lunar ante el choque de un objeto de gran tamaño.
Parte del material desplazado quedará suspendido durante algunos minutos antes de volver a caer sobre la Luna. Esto permitirá medir cuánto material se moviliza y de qué manera se dispersa tras un impacto de esta magnitud.
El evento también servirá para poner a prueba los instrumentos diseñados para detectar y estudiar actividad sísmica lunar. A diferencia de un sismo natural, en este caso los científicos ya conocen con precisión el lugar y el momento exactos del impacto.
La Nasa, por su parte, analizará las consecuencias del choque en los días posteriores. El Lunar Reconnaissance Orbiter (LRO), que ya sobrevoló la zona, está programado para volver a observarla siete días después del impacto y registrar los cambios en la superficie.
Otro de los focos de interés científico es determinar hasta qué distancia pueden desplazarse las partículas expulsadas en una colisión de este tipo, un dato que podría ser clave para futuras misiones tripuladas y eventuales instalaciones humanas en la Luna.
El episodio se suma, además, a la lista de casos que evidencian los riesgos de la basura espacial: objetos que, tras cumplir su misión, quedan abandonados en órbita o en trayectorias sin control. En este caso, la etapa del Falcon 9 nunca regresó a la Tierra y pasó más de un año en el espacio antes de quedar atrapada en la ruta que la llevará a estrellarse contra la Luna.
