Hay lugares de la Tierra que conocemos peor que la superficie de otros planetas. Uno de ellos está bajo las gigantescas plataformas de hielo de la Antártida, donde los satélites no pueden observar directamente qué ocurre en el punto exacto en el que el océano entra en contacto con el hielo.
Para descubrirlo, investigadores de la Universidad de Gotemburgo utilizaron Ran, un vehículo submarino autónomo de siete metros de longitud diseñado para adentrarse donde sería demasiado peligroso enviar a seres humanos. El robot acabó desapareciendo bajo el hielo en enero de 2024, pero los datos obtenidos antes de perderse han permitido observar este mundo oculto con un nivel de detalle extraordinario.
Los resultados fueron publicados en Science Advances y corresponden a las exploraciones realizadas bajo la plataforma de hielo Dotson, en la Antártida Occidental. Durante 27 días de operaciones, Ran recorrió más de 1.000 kilómetros bajo el hielo y llegó a penetrar 17 kilómetros en el interior de la cavidad, utilizando un sonar multihaz para cartografiar la superficie inferior desde unos 50 metros de distancia.
Y lo que apareció en esos mapas distaba mucho de ser una superficie uniforme. Los investigadores encontraron un complejo paisaje formado por picos, valles, mesetas y depresiones. Algunas de las estructuras más llamativas eran patrones alargados que los propios científicos compararon con dunas de arena. Pero claro… allí no hay arena.
Estas formaciones están esculpidas directamente en la parte inferior del hielo y su origen todavía no está completamente claro. Los investigadores plantean que podrían estar relacionadas con el movimiento del agua bajo el glaciar y con la influencia de la rotación terrestre sobre esas corrientes.
El descubrimiento es clave porque los modelos actuales no consiguen reproducir toda la complejidad encontrada por Ran. “Está claro que muchas de las suposiciones anteriores sobre el derretimiento de la parte inferior de los glaciares se quedan cortas”, explica Anna Wåhlin, profesora de Oceanografía de la Universidad de Gotemburgo y autora principal de la investigación.
Los datos, aun así, sí permiten confirmar algunos procesos que los científicos esperaban encontrar. Las corrientes submarinas más intensas parecen acelerar la erosión y el derretimiento del hielo, mientras que las fracturas verticales también presentan tasas elevadas de fusión.
“Anteriormente habíamos utilizado datos de satélites y núcleos de hielo para observar cómo los glaciares cambian con el tiempo”, explicó Wåhlin. Al introducir el submarino directamente en la cavidad, pudieron crear mapas de alta resolución de la cara inferior del hielo. La científica lo resumió con una comparación particularmente gráfica: “Es un poco como ver la cara oculta de la Luna”.
