El 29 de agosto de 1926, Nicolás Ithier Bonard, carpintero de profesión y natural de Mayagüez, y Mérida Natal, costurera y de padre oriundo de la isla de Santa Cruz, se hicieron padres de Rafael Ithier Natal.
El pequeño Rafael no se interesó formalmente por la música, a pesar de que su padre fue músico aficionado, su tío Salvador Ithier fue parte del famoso Trío Boriquen, dirigido por Rafael Hernández, y su hermana, Esperanza Ithier, cantaba. La aprendió de oído y no la empleó hasta que, a sus 8 años, perdió a su padre.
“Su papá muere temprano y él, como hermano mayor, sintió esa responsabilidad de ayudar al sustento de la familia. Y siendo un muchachito, entre 9 y 10 años, empezó a tocar en un conjunto”, explicó Hiram Guadalupe Pérez, sociólogo, periodista y amigo de Ithier Natal.
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La primera experiencia musical de Ithier fue como bajista del Conjunto Hawaiano en 1941. Mientras que su incursión más formal a la industria musical se consolidó en el Conjunto Taoné, donde ya fungía como bajista, y se estima que pasó 6 años. Posteriormente, formó parte del Conjunto del Pueblo. Toda esta experiencia sobre una base de conocimiento musical autodidacta.
En 1952, Ithier es reclutado por el servicio militar obligatorio, en el contexto de la Guerra de Corea, y es enviado a un campamento en Cayey.
“Allí había militares que participaron del conflicto de Corea, que eran músicos. Él los organiza y crea el grupo Borinqueneers Mambo Boys”, relató Guadalupe.
Al regresar a Puerto Rico en 1954, lejos de lo que se podría anticipar sobre un hombre con tanta afinidad por la música, Ithier Natal tenía la intención de incorporarse a la vida académica y continuar estudios en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. Sin embargo, el destino tenía otros planes.
“Su amigo de toda la vida, Rafa Cortijo, le hace una invitación para que lo acompañara en el piano. Héctor Urdaneta, el pianista del combo, esa noche no podía asistir al club La Riviera en Puerta de Tierra. Y Rafa fue”, contó el sociólogo.
La agrupación Cortijo y su combo se había fundado ese mismo año, bajo la dirección de Rafael Cortijo Verdejo. Esa noche, de ser músico de reemplazo, Ithier Natal se convirtió en uno de los integrantes clave de la agrupación durante 8 años. En 1962, el grupo original se desintegró, detonado por el encarcelamiento del vocalista Ismael ‘Maelo’ Rivera, y el pianista pensó que ahí estaba el punto final de su trayectoria en la música.
La historia oral relata que la intención de Ithier no era continuar en la música, sin embargo, el resto de los músicos lo convocan para una reunión en la casa de Roberto Roena, que todavía no tomaba la decisión de moverse del grupo.
“Ahí le piden a Rafa Ithier que los acompañara, que querían seguir en la música, no necesariamente en el Combo de Cortijo, y que querían que él fuera el director. El propio Rafa relató que se negó más de una vez”, narró Guadalupe.
Finalmente, la pasión por la música ganó la batalla e Ithier tomó la decisión de continuar con la orquesta.
Nace El Gran Combo
La fundación de El Gran Combo se enmarca el 26 de mayo de 1962, con los músicos Rafael Ithier, Rogelio ‘Kito’ Vélez, Martín Quiñones, Miguel Cruz, Héctor Santos, Eddie ‘La Bala’ Pérez, Milton Correa, Daniel ‘Maninín’ Vázquez, Micky Duchesne, Chiqui Rivera y Pellín Rodríguez. La fecha se atribuye a su debut escénico en el ‘Rock and Roll Club’ en Bayamón.
Según relata el mismo Ithier Natal en una memoria oral preservada en la página oficial de El Gran Combo de Puerto Rico, el nombre de la orquesta está inspirado en la filosofía del grupo.
“El nombre de El Gran Combo nace porque la palabra ‘combo’ era bien simpática y popular en esa época y quisimos ponerle un nombre colectivo, no nombre de nadie en particular. Quisimos un nombre colectivo como una manifestación de lo que queríamos ser: un grupo de muchachos que decidimos hacer una cosa para todo el mundo participar”, se escucha decir a Ithier en la grabación.
Poco tiempo después de su establecimiento como grupo, y tras la incorporación de los artistas Roberto Roena y Andrés “Andy” Montañez, El Gran Combo comenzó a dominar la televisión y la radio puertorriqueña, con su presencia diaria y continua en ambos medios. El grupo se mantuvo por siete años consecutivos siendo la figura estelar en 12 programas de televisión a la semana, que en esa época era el escenario más importante del país.
“Rafa por momentos decía que habían perdido la oportunidad de presentarse ante el mundo, casi por una década, porque estuvimos muy ocupados con mucho trabajo entre la radio y la televisión en Puerto Rico. Sus salidas eran más puntuales durante esa época”, explicó Guadalupe.
Rafael Ithier se desarrolló como arreglista y director artístico el sonido que distinguiría a El Gran Combo dentro y fuera de Puerto Rico.
Suministrada
Mérida Ithier Soto, una de las tres hijas que Rafael Ithier Natal tuvo junto a Carmen Soto Hernández, recuerda que su casa de crianza, ubicada en Villa Rica en Bayamón, fue el primer centro de comando de la orquesta. Entre aquellas paredes se ensayaba, se hacían gestiones de papeleo y hasta se audicionaba.
“Recuerdo cuando se ensayaba en casa en la marquesina, porque económicamente no había recursos para ello. Y mi mamá inclusive le llegó a hacer uniformes. Ella no era costurera, pero era esta cosa de que la familia era parte de, ayudando, apoyando, haciendo lo más que se pudiera”, recordó.
Aunque se retiró del piano a principios de los 2000, Rafael Ithier continuó vinculado a la dirección de la orquesta que fundó en 1962.
Suministrada
“Era un proyecto prácticamente de casa, porque papi era el director. Y todo surge de ahí. Se ensayaba en casa y, entonces, papi no tenía oficina ni nada de eso y todo era desde casa, los contratos, las llamadas. Recuerdo varias personas que llegaron a casa audicionar, todo era allí”, añadió.
Durante esos siete años en la televisión local, la orquesta también se mantuvo publicando discos, entre ellos su primera producción Menéame los mangos (1962), Acángana (1963), con la canción homónima que se convirtió en uno de los clásicos, Ojos chinos-Jala jala (1964), El swing del Gran Combo (1965), Esos ojitos negros (1967), Boleros románticos (1967), “Fiesta con El Gran Combo” (1967), Boogaloo con El Gran Combo, Tangos por El Gran Combo (1968), Merengues (1968), Guarachas (1968), Latin power (1968) y Este sí que es (1969).
La salsa de Puerto Rico
En 1969 la presencia radial y televisiva de El Gran Combo empieza a mermar significativamente y, paralelamente, su casa productora de discos, Gemma Records, rescinde de su contrato. Además, Roberto Roena y Elías López renuncian a la orquesta para establecer el Apollo Sound. Mientras que en el contexto musical, las orquestas neoyorquinas comenzaban a competir en el mercado y se inauguraba un movimiento bajo el término de ‘salsa’ comandado principalmente por la empresa Fania.
Sin embargo, la selección de temas y los arreglos que gestionaba Ithier Natal se habían convertido en el sello distintivo de su propio sonido y ya había ganado popularidad dentro y fuera de Puerto Rico. Incluso, según Guadalupe Pérez, la agrupación estaba a la altura de los fanáticos de la Fania.
“El concierto del Yankee Stadium en 1968 siempre se cuenta que terminó como el rosario de la aurora. Se volvió un poco caótico el ambiente. Hay quienes plantean que era que el concierto se iba a acabar y la gente quería que se siguiera, pero antes de que entraran las estrellas de Fania, ¿quién abre el concierto? El Gran Combo de Puerto Rico y la gente no quería que el Gran Combo terminara de tocar”, reveló Guadalupe.
Rafael Ithier Natal, en su gestión de arreglista, director artístico e, incluso, en ocasiones compositor, se aseguró de mantener el sello de la puertorriqueñidad tanto en su música como en su letra. Eso logró conquistar el corazón de un amplio público, sobre todo la diáspora boricua que se ubicó en Nueva York.
“Yo no conocía la música de Beethoven ni de Chopin, pero conocía la música de Chuito, el de Bayamón (Jesús Sánchez Erazo, don Chuito) y de Ramito (Flor Morales Ramos). Esos eran mis referentes musicales en el piano”, le comentó más de una vez a Guadalupe Pérez.
A través de melodías diversas, arreglos sencillos y temas dentro de la jocosidad, la reflexión social y el amor, llevó a su agrupación hasta el mundo. El Gran Combo se ha presentado en países como Rusia, China, Australia, Japón, África, toda América del norte, centro y sur, Europa y Canadá.
Aunque Rafael Ithier Natal se retiró del piano a principios de los 2000 y, posteriormente, se volvió más selectivo a la hora de presentarse en un espectáculo, los llamados mulatos del sabor se han presentado consecutivamente por 64 años, convirtiéndose en la agrupación más longeva y consistente en la historia de la música afroantillana.
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