¿Conoces a Elara Voss? Es posible que sí, porque Elara Voss es escritora, cantante, historiadora, médica, economista, dietista, personaje de novela de ciencia ficción y muchas cosas más. Lo fascinante sobre esta polifacética mujer es que no existían referencias a ella antes de noviembre del 2022, justo la fecha en que el mundo conoció la existencia de ChatGPT. Sí, Elara Voss –junto con variantes como Elena Voss, Elias Vance y otras– es una criatura creada por la inteligencia artificial generativa. No por una determinada IA, sino por varias de ellas. De alguna forma, el nombre ha sido elegido por todas como el de un personaje evocador.
Elara Voss y algunas de sus variantes pueblan plataformas y redes sociales. En Apple Music hay seis Elara Voss y cuatro Elira Voss. En Spotify no hay repeticiones, pero sí cinco perfiles de cantantes con sutiles diferencias de alguna letra en el nombre. Toda esa música, al igual que las fotografías de las presuntas cantantes, están creadas mediante inteligencia artificial. La invasión de Elara Voss no se limita a la música. En Amazon hay decenas de libros escritos por ella, o que la tienen como personaje de ficción. Escribe de todo tipo de temas y géneros: de la literatura fantástica, al manual de psicología.
Existe incluso una boutique online de vestidos de fiesta “inspirados por Capri”, aunque el origen de esta Elara Voss que se define como “una joven casa de moda mediterránea”, no está en la glamourosa isla de la bahía de Napoles, como sugiere su página de venta online –no tiene tiendas físicas– sino en una empresa constituida en la árida Albuquerque (Nuevo México). En LinkedIn, hay dos perfiles de Elara Voss. Una de ellas, con una foto claramente creada con IA, es director de operaciones de una consultoría para empresas de Boston (Massachusetts)
El fenómeno Elara Voss lleva algún tiempo en los foros de discusión de internet. Un periodista, Max Read, bautizó el año pasado este nombre/personaje como un promptónimo (del inglés prompt, instrucción que se le da a una IA). ¿Cómo ha llegado a expandirse gracias a los modelos de inteligencia artificial? Elara evoca lo celestial –es una luna de Júpiter en honor a Élara, la madre del gigante Ticio, hijo de Zeus– y Voss, además de su rotunda sonoridad, es el nombre de una marca de agua mineral noruega muy reconocida por su pureza. Esas observaciones no revelan cómo es posible que las IAs se hayan puesto de acuerdo para concluir que es un buen nombre para ofrecer algún producto a los usuarios humanos, aunque hay alguna explicación plausible.
En una definición de la IA Claude de Anthropic, Elara Voss representa “un espejo estadístico de nuestros propios clichés narrativos. Un personaje que se ha materializado en el mundo real a fuerza de repetición”. Max Read apunta por su parte que “su omnipresencia en los modelos de IA, es algo casi previsible”. El motivo puede ser que los grandes modelos se entrenan prácticamente con el mismo corpus, que es todo el texto disponible de forma pública, en internet y otras fuentes. Si a eso añadimos la probabilidad de que las IAs se entrenen con datos unas de otras una vez que prácticamente ya se han repasado toda la web, es más fácil que lleguemos al nacimiento de nuestra heroína.
El reino de Elara Voss es un mundo en el que hoy decenas –y mañana miles– de productos culturales creados por IA invadirán un espacio que estaba reservado sólo para el intelecto humano. Un análisis del diario The Guardian concluye que decenas de propuestas políticas de todo el espectro político del parlamento de Australia resumen de forma errónea investigaciones reales y se inventan fuentes o las citan de forma incorrecta. Pero hay algo peor que caer en el error o la mentira de un modelo de inteligencia artificial. En algunos casos, el resumen que presentaba la IA de Google y la de ChatGPT citaba como fuente válida a la referencia que ya estaba mal por haberse fiado de una IA. Un bucle perpetuo de desinformación.
The Guardian ha detectado que en Australia al menos 39 contribuciones a investigaciones políticas “contenían lo que parecen ser referencias inventadas”. Esa es una de las formas silenciosas en las que la inteligencia artificial puede tener efectos negativos sobre la democracia. Ninguna de las formaciones políticas consultadas era consciente de que había contribuido a propagar información falsa. Y lo que quedará en acta, cuando lo consulte otra vez una IA, serán esas inexactitudes. Los episodios que han sucedido este verano, con los agentes de IA capaces de asociarse y recurrir a trampas y usurpación de identidad para conseguir sus objetivos, alimentan los miedos a esta tecnología. Los que se dedican a producirla, tampoco contribuyen a disipar las dudas por mucha Elara Voss que pongan ante nosotros.
· Una IA que detecta problemas cardíacos. Investigadores del Imperial College de Londres han presentado un modelo de IA capaz de leer un electrocardiograma (ECG) rutinario en menos de dos segundos y detectar insuficiencia cardíaca y valvulopatías que los médicos no pueden descubrir con esa rapidez. El modelo se entrenó con 10,6 millones de ECG y se probó en 65.000 pacientes. La IA detectó con éxito la insuficiencia cardíaca en el 81% de los casos y las valvulopatías en el 90%. Hay ensayos programados para una posible implantación en todo el Reino Unido.
· Jalapeño, Open AI ya tiene su chip de IA. OpenAI acaba de anunciar las pruebas de rendimiento de Jalapeño, el chip que ha desarrollado con Broadcom para ejecutar modelos de IA, aunque no para entrenarlos, y sus resultados demuestran que está por encima de los chips de Nvidia tanto en velocidad como en eficiencia energética. La compañía que lidera Sam Altman explicó que utilizó su propio modelo Astra de IA, de momento solo de uso interno, para crear Jalapeño, lo que le permitió fabricarlo en sólo nueve meses desde que lo diseñó.
· Anthropic mete su IA en las máquinas. Anthropic ha presentado el Model Hardware Standard (MHS) en versión preliminar para investigación, un software que permite a los agentes de IA consultar, aprender y manejar máquinas industriales que antes requerían código personalizado. La compañía asegura que con su estándar los tiempos de configuración se reducen a “horas o minutos”, frente a las semanas que hay que dedicar ahora a la conexión de instrumentos de un laboratorio, como microscopios, ordenadores, brazos robóticos y otros dispositivos mecánicos.
