¿Alguna vez has notado arenilla o un cuerpo extraño en los ojos que te dificulta mantenerlos abiertos? A veces se suma escozor, quemazón o visión borrosa tras un rato de pantalla, ya sea el móvil o el ordenador. Estos son los síntomas más habituales del síndrome del ojo seco, una enfermedad crónica causada por un trastorno de la película lagrimal que, según las estimaciones, afecta a unos 100 millones de personas en el mundo. No tiene cura definitiva, pero sí puede controlarse con un tratamiento adecuado y algunos cambios en la rutina diaria.
Detrás de estas molestias hay una explicación clínica: el síndrome del ojo seco provoca inflamación de la superficie ocular y alteraciones neurosensoriales que pueden sumar otros síntomas como la sequedad y ojos llorosos.
Los testimonios de quienes conviven con la enfermedad ilustran bien su impacto. “Al principio del ojo seco tenía como picor en los ojos, sensación de arenilla, tenía ganas de rascarme los ojos, me molestaba muchísimo la luz. Con el tiempo, cuando se fue complicando, se generaron fisuras dentro de los ojos, se me inflamaron mucho los párpados”, explica Annabel, paciente del Hospital Clínic Barcelona. Susanna, otra paciente del hospital, lo describe como “muchísima irritación, sensación de arenilla, como si tuviera pequeños garbancitos, pequeños montoncitos de arenilla”.
Para quienes conviven con un cuadro más avanzado, como Annabel, el impacto va más allá de la molestia puntual: “Dejas de leer porque no puedes mantener la mirada. Dejas de ver la televisión porque la luz es intolerable. No sales a hacer actividades en la calle en días de sol porque te molesta in extremis (…) En mi caso, incluso dejé de conducir, porque era imposible mantener los ojos sin cerrar más de uno o dos minutos, lo cual era muy peligroso”.
La prevalencia del ojo seco ronda entre el 10% y el 20% de la población, un porcentaje que llega hasta el 33% en países asiáticos, y afecta más a mujeres y a personas de mayor edad. Según la Dra. Sáinz de la Maza, oftalmóloga del Hospital Clínic Barcelona, los principales factores de riesgo son ser mujer, por cuestiones hormonales, y el paso del tiempo, aunque también advierte que los pacientes jóvenes tienen un riesgo considerable por su relación constante con pantallas y tablets.
El componente ambiental es determinante: la calefacción excesiva, el aire acondicionado, los ambientes cargados de humo o el viento agravan los síntomas, igual que ciertas épocas del año según la humedad ambiental. Según la especialista, otros factores que en los últimos años se ha visto que empeoran la enfermedad son dormir menos de siete horas por noche o de forma interrumpida, el estrés, la ansiedad y la depresión.
El tratamiento depende de si se trata de un síndrome acuodeficiente, causado por una deficiencia de la producción lagrimal, o un síndrome evaporativo, causado por una evaporación excesiva.
En el primer caso, la Dra. Sáinz de la Maza explica que se comienza con lágrimas artificiales para ayudar a mantener la película lagrimal. Si no es suficiente, se pasa a terapias o colirios antiinflamatorios y, si eso tampoco basta, a colirios con factores de crecimiento obtenidos a partir de la propia sangre del paciente. En los últimos tiempos también se está usando el colirio de insulina, que tiene cierto poder de factores de crecimiento. Si aun así persisten las molestias, el siguiente paso son las lentes de contacto esclerales o terapéuticas.
En el ojo seco evaporativo, el tratamiento también parte de colirios de lágrimas artificiales, aunque en este caso con derivados lipídicos. Si no es suficiente, el especialista puede añadir algún colirio antibiótico durante un tiempo breve. En los casos más extremos, puede recurrir a tratamientos con láser, entre ellos la terapia de luz pulsada (IPL) o LipiFlow, un tratamiento médico no invasivo enfocado en aplicar calor controlado, presión suave y masajes en los párpados.
¿Qué hábitos mejoran la calidad de vida?
Aunque no existe cura, según la Dra. Sáinz de la Maza, hay una serie de hábitos que ayudan a mejorar la calidad de vida:
- Parpadear con frecuencia y hacer pausas cortas cada 20 minutos frente al ordenador, la lectura o la televisión, mirando a lo lejos unos segundos. Bajar un poco la pantalla del ordenador, ya que reduce la exposición de la superficie ocular y la evaporación de la lágrima.
- Evitar el humo de tabaco y los ambientes con mucha polución.
- Evitar las corrientes de aire (ventanilla del coche, viento) y los ambientes secos (ventiladores, secadores de pelo, calefacción, aire acondicionado, aviones). Un humidificador ayuda en espacios con calefacción o aire acondicionado.
- Proteger los ojos de la radiación UV con gafas de sol que bloqueen el 100% de los rayos UV; mejor si son grandes y de patillas gruesas, para reducir la evaporación de la lágrima.
- Incorporar omega-3 a la dieta: pescado azul (salmón, sardina, atún, caballa, trucha), frutos secos o semillas de lino. Aumentar la ingesta de agua.
- Usar colirios sin conservantes si se necesita medicación para otras enfermedades oculares, siempre bajo supervisión de un oftalmólogo.
- Si se utilizan lentes de contacto y aparecen síntomas de ojo seco, consultar con tu especialista sobre cambiar el diseño, desecharlas antes, cambiar el producto de desinfección o introducir lágrimas artificiales compatibles. La limpieza y respetar el tiempo de reemplazo son clave.
- Revisar con el médico las medicaciones que puedan agravar el ojo seco: antihistamínicos (alergia), betabloqueantes (hipertensión arterial), antidepresivos (depresión), diuréticos (hipertensión arterial), ansiolíticos (ansiedad), antipsicóticos, antiparkinsonianos (párkinson), isotretinoína, estrógenos o quimioterapia (en el marco de un cáncer).
- Dormir un mínimo de 7-8 horas y llevar una vida ordenada, con ejercicio moderado, alimentación saludable y bajos niveles de estrés o ansiedad.
