Quedarse atrapado en un pensamiento que da vueltas una y otra vez puede convertirse en un verdadero tormento. El psicólogo Christian Payá explica por qué caemos en estos bucles de rumiación mental y cómo entrenar la tolerancia a la incertidumbre podría ser la clave para salir de ellos.
A todos nos ha pasado: una idea que se repite, nos persigue y regresa justo cuando pensábamos haberla dejado atrás. Este fenómeno, conocido como rumiación mental, desgasta emocionalmente y nubla nuestro juicio. En diálogo con Infobae, Payá analiza las causas de esta espiral de pensamientos y ofrece estrategias prácticas para enfrentarlas.
Cuando el pensamiento se vuelve una trampa
Payá define la rumiación como la repetición constante de ideas sin llegar a una solución. Muchas veces, está ligada al intento de controlar lo incontrolable o a la necesidad de encontrar certezas que simplemente no existen. “Las personas que rumiamos solemos tener baja tolerancia a la incertidumbre”, señala el psicólogo, advirtiendo que este hábito puede provocar ansiedad, insomnio y afectar nuestro bienestar emocional.
El problema no es pensar demasiado, sino hacerlo de forma improductiva. La rumiación no conduce a ninguna parte: solo da vueltas, como un disco rayado. Aunque a veces creemos que estamos “analizando”, en realidad solo estamos alimentando la angustia.
Cómo romper el bucle y aprender a tolerar la incertidumbre
Para salir de esta trampa mental, Payá propone un enfoque en dos pasos: primero, reconocer que la búsqueda de certeza absoluta es una ilusión; segundo, ejercitar la tolerancia a la incertidumbre, como si se tratara de un músculo que podemos fortalecer. “Cuando aceptamos que no todo se puede controlar, dejamos de obsesionarnos con entender o predecir cada cosa que nos ocurre”, afirma.
Entre las herramientas que recomienda se encuentran la terapia cognitivo-conductual, las prácticas de mindfulness, la escritura reflexiva y los límites mentales —por ejemplo, reservar un momento concreto del día para pensar en el tema que nos preocupa y luego soltarlo—. Payá aclara que no se trata de “dejar de pensar”, sino de aprender a elegir cómo y cuándo hacerlo.
La entrevista deja claro un mensaje esencial: la incertidumbre forma parte de la vida, pero podemos aprender a convivir con ella sin que nos paralice o nos consuma.
