Esther Cañadas es una de las modelos más exitosas de su generación. Aprendió el trabajo de maniquí al mismo tiempo que de Nieves Álvarez, Kate Moss o Christy Turlington, entre otras, disfrutando de su época dorada en los años 90. Como muchas de ellas, … la española todavía sigue disfrutando en activo de la profesión.
Hoy nos la podemos encontrar en las redes sociales cumpliendo numerosos roles: protagoniza la portada de las revistas de moda más cotizadas del país, actúa en ‘Torrente, presidente’ (2026), promueve actividades filantrópicas en las redes sociales, lidera el aterrizaje de Carolina Herrera en Madrid y es imagen de Balmain y El Corte Inglés.
A sus 49 años, está en un momento dulce de su carrera, pero todavía se acuerda de los años más duros. Recordemos que Cañadas nació en Albacete en 1977, donde escaseaban las oportunidades en el sector de la moda para una niña. A los 14 años se mudó a Barcelona para perseguir sus sueños y en un par de temporadas ya estaba desfilando con los grandes en Nueva York. Había entrado en la rueda de la fama, pero vivía en unas condiciones poco envidiables.
En su última entrevista en ‘El Hormiguero’ recordó que sus primeros años de modelo estuvieron marcados por una alimentación sencilla e insuficiente.
El alimento que mantuvo a Esther Cañadas
Durante una época, su alimentación se reducía a un único plato que repetía sin descanso: el arroz blanco. Este ingrediente era su «desayuno, comida y cena», tal y como se lo contó a Pablo Motos.
Aquellos que conocen la profesión de modelo, saben que entre viajes, eventos y sesiones de fotos a veces no hay tiempo de cocinar un menú elaborado cada día. Esther vivió en primera persona esa falta de tiempo, pero lo suplió con una buena mano en los fogones: «Me quedaba muy rico, era de lo poquito que me podía hacer, pero bueno, son etapas».
«Me quedaba muy rico, era de lo poquito que me podía hacer, pero bueno, son etapas»
Esta revelación no se debe confundir con otra realidad del mundo del modelaje. Esther Cañadas no pasó hambre o malnutrición de forma voluntaria, por buscar una delgadez más atractiva, y así lo ha defendido en numerosas ocasiones a lo largo de su carrera.
«Siempre fui muy consciente de que tenía una responsabilidad. En esa época se hablaba mucho de la pérdida de peso, y para mí fue fundamental dejar bien claro que yo comía. Era un tema serio, y no quería que llegara el mensaje erróneo a la gente joven», declaró a Harper’s Bazaar.
Imagen de Esther Cañadas en 1998, en su época dorada.
(EPA)
La modelo comió arroz blanco durante un largo tiempo largo. En su momento no quiso dar más detalles de su rutina alimentaria y deportiva, evitando añadir más información al discurso público sobre las conductas alimentarias.
«Para mí fue fundamental dejar bien claro que yo comía»
Aquellos primeros años como modelo también fueron el momento de descubrir un abanico de oportunidades que no tenía en Albacete. Esther Cañadas desfiló en numerosas pasarelas de París, Milán o Nueva York. Enseguida se convirtió en una de las musas de la diseñadora Donna Karan, a quien le debe parte de su consagración como modelo.
Pendiente de una enfermedad autoinmune
Con los años, Esther Cañadas ha aprendido a cuidar su alimentación. Como mujer, madre e imagen de grandes marcas de lujo, la modelo ahora sigue una dieta más completa y variada que la que se aseguraba en su juventud. Además, debe estar pendiente de los repuntes de su vasculitis, una enfermedad autoinmune y crónica que le diagonsticaron alrededor de 2006.
