Un fenómeno de El Niño inusualmente intenso está cobrando fuerza rápidamente en el Pacífico tropical. Está camino a batir récords de intensidad y ya ha comenzado a influir en los patrones meteorológicos mundiales. Esto significa que los meteorólogos tienen cada vez más confianza al predecir cómo afectará a diferentes partes del planeta durante el próximo año o los próximos dos años.
La mayoría de las proyecciones de modelos informáticos indican que este El Niño se convertirá en el más fuerte registrado desde al menos 1950. Sin embargo, sus efectos sobre los seres humanos —así como en nuestras vidas y economías— no son sencillos. El Niño es un sistema complejo y sus impactos dependen en gran medida de la ubicación geográfica y la época del año. De hecho, incluso el concepto de un El Niño “más fuerte” requiere cierta explicación.
Los fenómenos de El Niño forman parte de un ciclo climático caracterizado por temperaturas oceánicas superiores a la media en el Pacífico tropical central y oriental que transfieren enormes cantidades de calor a la atmósfera a través de nubes y precipitaciones intensas. Las alteraciones en los patrones meteorológicos se propagan hacia otras regiones del mundo como las ondas sonoras de una campana al sonar, explicó Jeffrey Shaman, investigador de clima y salud pública de la Universidad de Columbia, durante una sesión informativa para los medios sobre El Niño la semana pasada.
La definición científica de un fenómeno récord por su intensidad se basa en cuánto se calienta el agua en una región de referencia específica del Pacífico tropical. No obstante, esto no revela mucho sobre qué cabe esperar en nuestra propia localidad.
Contrariamente a lo que cabría pensar, un El Niño más fuerte no conlleva necesariamente peores impactos que un fenómeno más débil, señalan los investigadores. No hay que esperar megainundaciones de película ni tormentas masivas simultáneas en todo el mundo a diario durante el próximo año. En cambio, cuanto mayor sea la intensidad medida de un fenómeno de El Niño, mayores serán las probabilidades de que se produzcan los impactos habituales —conocidos por los científicos como “teleconexiones”—. Para algunas zonas, esto sí implica consecuencias extremas, como sequías o inundaciones.
El Niño y La Niña son las principales fuentes de previsibilidad climática estacional. Esto significa que cuanto más fuerte sea la señal de El Niño —es decir, cuanto más intenso sea el fenómeno—, más predecibles serán sus efectos. Por esta razón, los pronósticos estacionales gozan actualmente de un alto grado de confianza.
Cabe destacar que estas previsiones permiten a los países anticiparse a olas de calor, sequías, inundaciones y posibles alteraciones en el suministro de alimentos, entre otras consecuencias.
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En una entrevista con CNN, Shaman señaló que el conocimiento previo de los probables impactos de El Niño —como sequías en Indonesia y Australia, un monzón de verano más seco de lo habitual en la India, y zonas de sequía y lluvias superiores a la media en diversas partes de África— ofrece a los responsables de la toma de decisiones una oportunidad crucial para actuar y preparar a la sociedad ante situaciones de alta presión.
En Estados Unidos, El Niño conlleva un invierno más suave de lo normal en la franja norte del país y condiciones más húmedas de lo habitual durante los meses de otoño e invierno en la franja sur, entre otros efectos.
Asimismo, El Niño suele dar lugar a una temporada de huracanes en el Atlántico con una actividad inferior a la media, mientras que en el océano Pacífico tropical se registra una actividad de huracanes y tifones superior a la media. Para los 48 estados contiguos de EE.UU., este es un ejemplo de una influencia potencialmente beneficiosa de El Niño.
“Con un fenómeno de El Niño más intenso, consideramos que es mucho más probable que se manifiesten esas teleconexiones”, afirmó Shaman.
Nathaniel Johnson, especialista en predicción climática estacional de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), explicó que un episodio de El Niño especialmente fuerte probablemente se convierta en el factor dominante que influya en los patrones meteorológicos estacionales, por encima de otros patrones climáticos globales.
También es posible que un fenómeno de El Niño de intensidad récord provoque impactos mayores o más severos de lo habitual, aunque esto no está garantizado, añadió.
Resulta sumamente inusual que todos los modelos informáticos utilizados para predecir El Niño coincidan en que un evento de intensidad fuerte o récord persistirá durante el invierno y, potencialmente, hasta bien entrado el año 2027, según Shaman. Por lo general, algunos modelos divergen y predicen una atenuación del fenómeno en algún momento o una transición hacia La Niña —su contraparte caracterizada por aguas más frías—, pero esta vez no ha sido así. Las proyecciones apuntan únicamente a la continuidad de El Niño a largo plazo.
“Echando leña al fuego de un planeta que ya arde”
Un efecto típico del fenómeno de El Niño es el aumento de las temperaturas medias mundiales: la señal de calentamiento propia de El Niño se suma al calentamiento global a largo plazo provocado por la actividad humana. Sin embargo, debido al pico récord previsto para el actual episodio de El Niño, es aún más probable que 2026 y 2027 marquen récords como los años más cálidos jamás registrados. Las temperaturas de la superficie del mar a nivel mundial ya llevan al menos dos meses alcanzando niveles récord de calor.
Según las últimas previsiones de la Organización Meteorológica Mundial (un organismo de la ONU), se espera que casi todas las zonas del planeta registren temperaturas superiores a la media entre agosto y octubre. Esta situación está estrechamente ligada al fuerte fenómeno de El Niño, aunque los científicos dudan que sea la causa de las intensas “cúpulas de calor” que han provocado olas de calor mortales e incendios forestales en Estados Unidos y Europa en lo que va de verano.
Ante esta previsión, el secretario general de la ONU, António Guterres, declaró el viernes: “El Niño se está intensificando, echando leña al fuego de un planeta que ya arde”.
“Nos adentramos en territorio desconocido”, afirmó durante su intervención en la sede de la ONU en Nueva York.
Por otra parte, Shaman comparó El Niño con un gran quemador de cocina que calienta la atmósfera sobre una vasta extensión del océano Pacífico, lo que deriva en fenómenos de calor extremo a escala mundial, especialmente de cara al próximo verano si se cumplen las previsiones actuales.
Los expertos señalaron que la antelación con la que se ha detectado este intenso fenómeno de El Niño debería permitir a las ciudades prepararse para olas de calor extremo o lluvias torrenciales; a los agricultores, cultivar variedades distintas según la probabilidad de sequía o inundaciones; y a las organizaciones de ayuda humanitaria, preposicionar alimentos cerca de las regiones con mayor riesgo de sufrir sequía.
Asimismo, la planificación ante la escasez de agua debería ser una prioridad en aquellas zonas que tienden a volverse más secas durante los episodios de El Niño, señaló Shaman.
“Dadas las previsiones y el alto grado de certeza, es el momento idóneo para prepararse”, afirmó Shaman.
