Por César Sequera
En la LVBP, hablar de «sobrepoblación» es un lujo teórico que dura solo hasta el primer tirón muscular, firma en Asia o la primera restricción de Grandes Ligas. Es lo que piensan desde las oficinas de los Navegantes del Magallanes ante las últimas incorporaciones.
Porque propósito de la llegada de Breyvic Valera, junto a Tucupita Marcano, Renato Núñez, Luis Suisbel, Rougned Odor y Thairo Estrada, se ha comenzado a calificar el infield turco como «saturado». Sin embargo, nada está más alejado de la realidad.
El verdadero enemigo de cualquier equipo con aspiraciones de título es la falta de profundidad. Las lesiones son ese rival implacable que aparece sin avisar y desarma planes en cuestión de días. Depender de un grupo reducido en un torneo tan corto e intenso como la LVBP es una apuesta demasiado riesgosa.
Por eso, la directiva hizo el movimiento por Valera. Incluso cuando en sus planes está que Wilmer Flores también juegue en la 2026-2027. Y sin renunciar a que prospectos como Bryan Rincón o Franklin Arias debuten.
Pero, ¿todos estos nombres estarán todo el año? Complicado. ¿Se mantendrán si reciben una llamada de MLB? Difícil. Quienes hoy ven un exceso de nombres parecen haber olvidado las urgencias de la temporada anterior. En la campaña pasada, la gerencia del Magallanes tuvo que salir al mercado en múltiples ocasiones a buscar importados para el cuadro interior.
APRENDER DEL PASADO
Que un equipo venezolano busque shortstop extranjero se le consideraría una ignominia en los años 90. Pues los Navegantes lo hicieron dos veces en la 2025-2026. Además, antes de comenzar el Round Robin seleccionaron a Wilfredo Tovar en el Draft de Adiciones y Sustiticiones porque había un espacio en tercera producto de lesiones y restricciones.
“Tenemos opciones y versatilidad. Al final del día, el terreno pondrá las cosas en su lugar”, aseguró un miembro de la gerencia eléctrica. «El año pasado quedó golpeada la profundidad, por lo que es algo que no deseamos repetir».
Contar con perfiles tan variados otorga un valor incalculable a la hora de estructurar la alineación diaria. Desde la fuerza de Renato Núñez hasta la versatilidad de Breyvic Valera o Thairo Estrada, pasando por el dinamismo de Tucupita Marcano, Rougned Odor y el futuro de Luis Suisbel, las opciones son tan amplias como necesarias. E imposible ignorar la experiencia de Luis Sardiñas.
Tener nombres de jerarquía en el dugout jamás debería considerarse un problema táctico. Al contrario, la competencia interna eleva el rendimiento colectivo, evita la zona de confort y obliga a cada pelotero a dar su mejor versión en cada turno y en cada jugada defensiva.
Y, en un deporte en el que los slumps están a la órden del día, nunca puede ser negativo tener posibles soluciones. El verdadero problema es no querer atender el teléfono por miedo a que ese prospecto deba detener su actuación y no tener un plan b para sustituirlo. Eso ya hundió al Magallanes en años anteriores, cuando la partida de Carlos Rodríguez abrió un boquete de la nave.
Al final, será el rendimiento puro y duro sobre el terreno el que determine quiénes verán más acción. La trayectoria ayuda, pero los números y el momento de forma son los que dictan la pauta diaria en un club con exigencias de campeonato.
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Bajo el mando de Yadier Molina, un manager que entiende a la perfección la importancia de la competitividad y el trabajo diario, jugará quien mejor responda. Magallanes no sufre de sobrepoblación en el infield; simplemente construyó el blindaje necesario para competir en todo escenario.
Foto: prensa Navegantes del Magallanes
