El 10 de agosto, un terremoto de magnitud 7.4 sacudió el occidente de Colombia, con epicentro cerca de San José del Palmar, Chocó. Según el reporte oficial del Servicio Geológico Colombiano, recogido por medios como CNN en Español y el diario La Jornada, las cifras hablan de más de cien fallecidos, cientos de heridos y decenas de edificaciones colapsadas en Cali, Pereira, Manizales y Quibdó. Colombia declaró el desastre nacional.
Cuando el titular se apaga, queda la pregunta que de verdad importa: ¿y si fuera aquí?
No la hago para generar miedo. La hago porque la preparación real empieza cuando dejamos de ver estas noticias como algo lejano y las convertimos en una oportunidad de revisar nuestra propia casa, literal y figurada.
Riesgo constante
República Dominicana está ubicada en el punto de contacto entre la placa del Caribe y la placa de Norteamérica, una de las zonas de mayor actividad sísmica de la región. No es una amenaza lejana: es una condición geográfica permanente.
Los números lo confirman. Según datos del Centro Nacional de Sismología de la UASD, citados por el portal elDinero, solo en los dos primeros meses de 2025 se registraron más de 382 temblores en el país, y el año anterior se contabilizaron más de 3,392 sismos de baja magnitud. La tierra dominicana se mueve constantemente; la gran mayoría de esos movimientos pasan inadvertidos, pero son recordatorio de la energía acumulada en nuestras fallas geológicas.
De acuerdo con especialistas consultados por el diario El Día, dos de esas fallas concentran la mayor atención: la Falla Septentrional, que atraviesa el norte desde Samaná hasta Montecristi, y la Falla Enriquillo-Plantain Garden, que corre por el sur. Ambas son responsables de buena parte de la actividad sísmica histórica de la isla.
Lo que vivimos (y a veces olvidamos)
La memoria es parte de la preparación. Estos son los antecedentes que todo dominicano debería conocer:
4 de agosto de 1946, Samaná. Según el Centro Nacional de Sismología de la UASD, fue el terremoto más fuerte registrado instrumentalmente en la historia de la isla, con una magnitud estimada entre 7.8 y 8.1. De acuerdo con Diario Libre, generó un tsunami de más de 5 metros que arrasó la comunidad de Matancitas. El USGS documenta unas 100 muertes directas; el propio CNS-UASD eleva la cifra a más de mil, si se incluyen las víctimas del tsunami, además de 20,000 personas que quedaron sin hogar. El daño se extendió desde Samaná hasta Santiago y Puerto Plata.
18 de octubre de 1751. Según registros históricos recopilados en el Plan Nacional de Contingencia para Terremotos del COE, un fuerte sismo destruyó la villa de Azua y provocó un maremoto que afectó desde El Seibo hasta la actual Haití. El propio plan lo considera, junto al de 1946, uno de los más severos de nuestra historia.
12 de enero de 2010, Haití. Aunque ocurrió del otro lado de la isla que compartimos, merece mención obligatoria: magnitud 7.0 y, según cifras ampliamente documentadas por medios internacionales, más de 200,000 víctimas y la capital Puerto Príncipe devastada. Se sintió con fuerza en territorio dominicano y nos recordó, de la manera más dura posible, que la geología no reconoce fronteras políticas.
¿Existe un plan?
Sí. La pregunta es qué tan listos estamos para activarlo
República Dominicana sí cuenta con estructura institucional para responder a un evento sísmico. Según explicó el subdirector del Centro de Operaciones de Emergencias (COE), Julián Alberto García Román, en declaraciones a Diario Libre, el país dispone de un Plan Nacional de Contingencia para Terremotos, con base legal en la Ley 147-02 sobre Gestión de Riesgos, que coordina la respuesta entre el COE, la Defensa Civil, el Cuerpo de Bomberos, la Cruz Roja Dominicana, la Policía Nacional y las Fuerzas Armadas.
Además, de acuerdo con el portal elDinero, el país tiene un sistema de alerta temprana gestionado conjuntamente por el Instituto Dominicano de Meteorología (Indomet) y el COE, y se han adelantado evaluaciones estructurales en hospitales públicos, con el objetivo de reforzar aquellos centros críticos que lo requieran.
Es un punto de partida real, no un saludo a la bandera. Pero como bien señala la geóloga Caroldania Díaz, consultada por elDinero, ningún país está completamente preparado ante un sismo mayor. La verdadera diferencia la marca lo que se hace antes: cumplimiento de normativas de construcción, supervisión del Colegio Dominicano de Ingenieros, Arquitectos y Agrimensores, y algo que depende de cada uno de nosotros: el plan familiar de emergencia.
Aquí es donde te invito a pensar, no a alarmarte:
¿Sabes cuál es la ruta de evacuación de tu edificio o tu barrio?
¿Tu hogar, tu oficina o la escuela de tus hijos cumplen con normas sismorresistentes?
¿Tienes un punto de encuentro familiar definido si ocurre un sismo en horario laboral o escolar?
La preparación no es pesimismo, es amor propio y amor por los tuyos traducido en acción. Colombia nos recuerda hoy que la naturaleza no avisa. República Dominicana tiene el terreno, la historia y las instituciones para estar mejor preparada de lo que estamos. Lo que falta es que esa preparación baje de los planes institucionales a la cotidianidad de cada casa dominicana.
La pregunta ya no es si temblará. Es si, cuando pase, estaremos listos para responder con calma en lugar de con caos.
