El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reiteró este lunes que “el objetivo número uno es, y siempre será, que Irán no pueda tener, de ninguna manera ni bajo ninguna circunstancia, un arma nuclear”, como informamos anteriormente.
Trump es el más reciente presidente de Estados Unidos en enfrentarse a un régimen iraní de línea dura, en momentos en que la guerra entra en su sexto mes.
Así fue la relación de algunos de los predecesores de Trump con Teherán:
Casi dos años después de asumir la presidencia, Carter enfrentó la crisis de los rehenes en Irán, después de que 90 personas, entre ellas 66 estadounidenses, fueran tomadas como rehenes cuando la embajada de EE.UU. en Teherán fue ocupada tras la Revolución iraní.
Al comienzo de la crisis, Carter envió a funcionarios estadounidenses a Irán para negociar la liberación de los rehenes, aunque el entonces líder supremo de Irán, el ayatola Jomeini, se negó a reunirse con ellos.
El equipo de política exterior de Carter “a menudo parecía débil y vacilante” durante la crisis, según la Oficina del Historiador del Departamento de Estado de EE.UU.
Una semana después, Carter ordenó congelar los activos iraníes en bancos estadounidenses. En abril de 1980, cuando solo algunos de los rehenes habían sido liberados, Carter rompió relaciones diplomáticas con Irán, anunció nuevas sanciones y ordenó a todos los diplomáticos iraníes abandonar EE.UU.
La crisis finalmente se resolvió después de que funcionarios estadounidenses, con la mediación de Argelia, lograran negociar la liberación de los rehenes.
El 19 de enero de 1981, EE.UU. e Irán firmaron un acuerdo para liberar a los rehenes y descongelar los activos iraníes. Tras más de un año en cautiverio y minutos después de que Carter dejara la presidencia, los rehenes fueron liberados.
Ronald Reagan, sucesor de Carter, declaró a Irán “Estado patrocinador del terrorismo” en 1984. Pero en 1986, su Gobierno comenzó a explorar de manera encubierta formas de mejorar su relación con Teherán, pese a que respaldaba a Iraq en la guerra entre Irán e Iraq.
Reagan aprobó la venta de armas a Irán con un amplio margen de ganancias pese a un embargo, con la esperanza de lograr la liberación de estadounidenses retenidos como rehenes en el Líbano por Hezbollah, una milicia con estrechos vínculos con Irán. Parte de los fondos procedentes de las ventas de armas se desvió a los Contras, un grupo político minoritario nicaragüense que combatía al Gobierno sandinista de izquierda.
El escándalo fue conocido como el caso Irán-Contras y estalló poco antes de las elecciones de mitad de mandato de 1986, lo que supuso una enorme amenaza para Reagan y su partido.
Según PBS, cuando salió a la luz el escándalo, Reagan negó públicamente que se hubiera llevado a cabo una operación de ese tipo. Una semana después se retractó de esa declaración y dijo que no se había tratado de un acuerdo de armas a cambio de rehenes.
“A pesar de que Reagan defendió las acciones por sus buenas intenciones, su honestidad fue puesta en duda”, explica PBS. “Las encuestas mostraron que solo el 14% de los estadounidenses creía al presidente cuando decía que no había intercambiado armas por rehenes”.
Obama logró negociar un acercamiento provisional con Teherán durante su mandato, después de haber prometido durante su campaña presidencial de 2008 descongelar las relaciones entre EE.UU. e Irán.
Obama habló por teléfono con el presidente de Irán, Hassan Rouhani, en 2013, la primera conversación directa entre los líderes de Washington y Teherán desde 1979, cuando Carter habló por teléfono con el sha Mohammed Reza Pahlavi antes de que fuera derrocado.
También en 2013, tras años de negociaciones, se alcanzó un acuerdo histórico que frenó el desarrollo del programa nuclear de Irán a cambio del levantamiento de algunas de las sanciones que habían provocado el estancamiento de la economía del país.
El Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA, por sus siglas en inglés), finalizado dos años después, en 2015, limitó el enriquecimiento de uranio de Irán durante 15 años y facilitó inspecciones encabezadas por la ONU para garantizar que Teherán cumpliera el acuerdo, a cambio de levantar parcialmente las sanciones sobre los ingresos petroleros iraníes y descongelar miles de millones de dólares en activos.
Trump retiró a EE.UU. del acuerdo durante su primer mandato.
