Agentes de la seguridad cubana se infiltraron en las instalaciones de los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe de Santo Domingo para vigilar a deportistas de su delegación y evitar deserciones, según una investigación periodística de Diario Libre publicada este martes.
Los organismos de seguridad dominicanos detectaron la operación y retiraron de los recintos deportivos a varios de los involucrados durante el transcurso del certamen.
Uno de los episodios más graves tuvo lugar en el Parque del Este, durante una competencia bajo techo, cuando militares dominicanos advirtieron la presencia de agentes cubanos que perseguían a deportistas de su propia delegación que intentaban escapar del grupo.
Ante la situación, la seguridad del recinto cerró temporalmente todos los accesos e inició un proceso de identificación de cada persona presente, desde espectadores con boletas hasta personal con credenciales de acceso.
Las acreditaciones fueron cotejadas contra la base de datos del evento, que reunió a más de 7,000 atletas y otros 3,000 técnicos y miembros de delegaciones. El resultado fue la identificación de ciudadanos cubanos sin acreditación válida para ejercer esas funciones, quienes fueron retirados del lugar.
Diario Libre precisó que no pudo determinar si los agentes llegaron a ser detenidos o sometidos a la justicia dominicana.
Ese mismo día se registró un segundo episodio de características similares en un estadio al aire libre, lo que confirmó las sospechas iniciales de las autoridades dominicanas sobre una operación sistemática de vigilancia.
La investigación también reveló que los agentes cubanos llegaron a utilizar uniformes de atletas de otras delegaciones para acercarse a los deportistas vigilados sin despertar sospechas, una maniobra de encubrimiento que elevó la gravedad del caso.
Al cierre de los Juegos, al menos cinco deportistas cubanos habían abandonado la delegación: el portero de hockey Moisés David Torres Puig el 24 de julio, la remera Leah Daniela Almeida el 28 de julio, los esgrimistas Adán Núñez y Hershey Daniela de la Cruz el 12 de agosto, y un quinto atleta identificado como Yasmani Álvarez.
Los desertores manifestaron temor a ser devueltos a Cuba y denunciaron presiones de personas vinculadas a la embajada cubana para localizarlos. «Tenemos mucho miedo que nos deporten», declaró uno de ellos en una entrevista con el medio especializado Swing Completo.
El presidente del comité organizador, José Monegro, negó este martes haber recibido información sobre infiltraciones y aseguró que los reportes diarios de incidencias «no mencionaban nada relacionado con atletas cubanos o una intervención extraordinaria de esa delegación». Monegro añadió que las reuniones previas con la delegación cubana sobre seguridad respondían a «protocolos normales» disponibles para cualquier país participante.
Los hechos se enmarcan en una crisis diplomática de mayor alcance: el 13 de agosto, República Dominicana ordenó la salida de nueve diplomáticos cubanos y sus familiares —unas 21 personas en total— con plazo hasta el 16 de agosto, amparándose en el artículo 9 de la Convención de Viena, que permite declarar persona non grata a miembros de una misión diplomática sin explicar públicamente los motivos.
El régimen cubano acusó a República Dominicana de actuar bajo presión de Estados Unidos y cifró en diez los diplomáticos afectados, frente a los nueve que reconoció Santo Domingo. El embajador cubano Ángel Arzuaga Reyes abandonó el país junto con el resto del personal expulsado.
Versiones periodísticas vinculan directamente la expulsión diplomática con las presuntas labores de espionaje, chantaje y vigilancia ejercidas sobre los atletas que decidieron no regresar a Cuba.
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