Una fuerte subida de las acciones industriales este año ha desafiado el encarecimiento del petróleo, el repunte de los rendimientos de los bonos y unas políticas comerciales más restrictivas, mientras los inversores apuestan por que el auge de la inteligencia artificial genere importantes beneficios para el sector.
Las compañías que fabrican maquinaria pesada, transportan mercancías o construyen edificios, puentes e infraestructuras figuran entre las mejores del S&P 500, junto con energía y tecnología. El índice sectorial de industriales acumula una subida del 16% en 2026. Pero el subsectorial de construcción e ingeniería sube más de un 50%, por detrás de semiconductores y energía.
«Las expectativas de una recuperación cíclica en 2027-2028, unidas a los vientos de cola estructurales derivados de la inteligencia artificial, la construcción de centros de datos, la relocalización industrial y los grandes megaproyectos, han estirado todavía más unas valoraciones industriales que ya eran elevadas», explica Chris Ciolino, analista de industriales de Bloomberg Intelligence. Esta situación «podría dejar al sector más expuesto a correcciones bruscas si las expectativas de crecimiento decepcionan».
Entre los 11 sectores que componen el S&P 500, los industriales presentan actualmente la valoración más alta, incluso por encima de la tecnología de la información, situada en primera línea del boom de la IA. El PER estimado a 12 meses del sector se sitúa en 24,7 veces, frente a las 21,2 veces de tecnología y las 19,7 veces del conjunto del S&P 500.
Además, los industriales cotizan muy por encima de sus múltiplos históricos. Desde 1990, sólo se habían movido en niveles similares en otra ocasión: durante los años posteriores a la pandemia, cuando los beneficios empresariales rebotaban desde niveles extraordinariamente deprimidos.
Al mismo tiempo, empiezan a apreciarse algunas señales de menor entusiasmo en los flujos de inversión. El State Street Industrial ETF, uno de los principales fondos que replican el sector, se encamina hacia su menor entrada mensual de dinero desde mayo. Otro gran vehículo, el Vanguard Industrials ETF, apunta a registrar su mayor salida mensual desde abril de 2025, cuando los inversores estaban especialmente preocupados por la política arancelaria del presidente Donald Trump.
Pese a ello, hay «buenas razones» detrás de las elevadas valoraciones del sector, según Matt Stucky, director de inversiones de Northwestern Mutual, quien destaca la creciente confianza de los inversores en que el crecimiento de los industriales sea más duradero y menos volátil que el del mercado en su conjunto.
Para Stucky, resulta «un poco más sencillo» proyectar la evolución de gigantes industriales estables como Caterpillar o GE Vernova que la de una compañía como Micron Technology. «Existe una mayor comodidad a la hora de estimar la trayectoria de los márgenes de estas empresas frente a parte de la ciclicidad que puede encontrarse en el sector tecnológico», señala.
Al sector se le ha abierto el paraíso
Las grandes compañías industriales, fabricantes de equipos eléctricos, generadores, turbinas y baterías, así como constructoras, atraviesan ahora un momento especialmente favorable al combinar dos de los grandes temas de inversión actuales: la expansión física de los centros de datos de inteligencia artificial y el aumento del gasto en defensa.
Empresas como Caterpillar, Eaton y Deere se han beneficiado del despliegue de infraestructura vinculada a la IA, mientras que los conflictos en Irán y Ucrania y el aumento del gasto militar global han dado impulso a compañías como RTX, General Electric y Boeing. «Este despliegue de la inteligencia artificial ha supuesto un renacimiento para las empresas industriales», afirma Michael O’Rourke, estratega jefe de mercados de Jonestrading.
Con todo, los inversores empiezan a preguntarse cuánto tiempo más podrá prolongarse este momento dulce. Para O’Rourke, el principal riesgo reside precisamente en la naturaleza del boom de inversión en IA, ya que el ritmo actual de construcción «es difícil de sostener». Y añade: «Si habláramos de un despliegue de la IA algo más lento pero más constante durante los próximos cinco años, sería realmente positivo para las compañías industriales».
