A los 35 años, Carolina Giraldo (Medellín, 1991) descubrió su Edad de Piedra. Desde el escenario del SoFi Stadium de Los Ángeles, estilizado como un sistema de cuevas, la artista mundialmente conocida como Karol G surge vestida para matar, con un traje deliberadamente deshilachado aunque brillante, símbolo de sus mil batallas (o conciertos). Su arma, la música; su consigna, el perreo hasta abajo; su presa, las 130 mil almas reunidas durante tres noches seguidas para verla en vivo como parte del Viajando por el Mundo Tropitour.
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Un lugar común del periodista que describe un concierto es la hipérbole. Que tal grupo “destruyó” la ciudad, que este otro la “sometió”. En el caso de Karol G, decir que incendió Los Ángeles no necesitaría comillas. Columnas de fuego se alzan desde el escenario mayor, desaparecen y, a pesar de la distancia, queman más que el sol; el cuerpo apenas tiene tiempo para recuperarse del golpe de temperatura cuando las llamas reclaman su lugar otra vez. Y otra vez. Mientras tanto, ella y sus bailarines hacen piruetas en una especie de piscina poco profunda. ¿Llegará toda esta parafernalia al show de Lima? ¿Veremos también a su orquesta de solo mujeres? Por lo pronto, la producción local solo promete la “misma euforia”. Quién sabe si la veremos encaramarse a un guacamayo gigante, artificial y con los colores de la bandera colombiana en las alas, para cantar ese himno a la coquetería llamado “Papasito”.
El concierto estuvo lleno de ‘hits’, en su mayoría de álbumes pasados. Pero más allá de sus cualidades tarareables, están los múltiples géneros que interpreta. Entre los más coreados no faltaron “Ivonny bonita”, ese pop urbano con toques de bachata; “Amargura”, uno de los puntos altos de la noche por su forma de matizar la tristeza de la letra con la cercanía que mostró a su audiencia; y “Alguien que te amaba”, una baladita con ecos de tex mex de su último álbum, “No me arrepiento de sentir tanto”, colección que la expone más vulnerable que nunca. De esta producción solo hay un puñado de temas, en parte porque recién acaba de lanzarse. Y porque lo tropical, lo juergueable, está más atrás en su carrera. Aun así, ella también arriesgó para esta ciudad con “Te llevas to” y “Alguien que te amaba”, mientras que el día anterior a nuestra visita trajo como invitado nada menos que a Bruno Mars para cantar “Still”.
Una ‘bichota’ uniformada inmortaliza el concierto con un ‘selfie’.
/ @richardhirano
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En todo el espectáculo se respira el espíritu de “Tropicoqueta”, su quinto álbum de estudio. No solo porque incluye varias de las canciones y simbología, sino porque toda la puesta escénica destila ese ambiente de descarga colectiva, de catarsis cinética. Incluso en uno de los intermedios se escucha el “Mambo No. 5” de Pérez Prado, acompañado de un discurso grabado por el actor Edward James Olmos (“Blade Runner”, “Battlestar Galactica”), una de las voces latinas más destacadas de Hollywood, quien presenta a la colombiana como si se tratara de una cantante del viejo Hollywood. Y ella, con una corona de plumas, vestida totalmente de rojo o con un jean y sombrero vaquero, lo entrega todo. Para muestra, el despliegue de temas como las coreadísimas “Mamiii”, “Tusa” y esa promesa de lágrimas llamada “Si antes te hubiera conocido”.
El SoFi Stadium de Los Ángeles es considerado el estadio más caro del mundo, valorizado en más de US$5.000 millones.
/ @richardhirano
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Giraldo es de las artistas que ganan más con una presentación en vivo, más allá de la calidad de las canciones. Los tres shows de Los Ángeles tuvieron sus variaciones, pero mantuvieron una línea común. Aun así, la cantante hizo como si la noche final fuese la más especial de todas. Ordenó enfocar a las fans más emocionadas y dijo, con ese disfuerzo tan paisa, que no quería acabar el concierto. Pidió al público que le gritaran qué canción interpretar en el último set.
Tampoco faltó el momento ‘random’ de la noche, cuando ella bajó hacia el público y se acercó a uno de sus fans, un hombre de 65 años, porte militar, que llevaba un polo negro con la frase “soltero y disponible” por delante y, en la espalda, “¿Karol G, te casarías conmigo?”. Vale decir que el hombre no hablaba una palabra de español, lo cual al mismo tiempo parecía deleitar y confundir a la cantante, quien le siguió la corriente ante la atenta mirada de su jefe de seguridad. ¿Es este un show donde cualquier cosa puede pasar? Tal vez.
¿Cómo explicar el éxito de Karol G en Los Ángeles? Pues el nombre de la ciudad da una pista de sus raíces, lo cual, sumado a la migración, ofrece un panorama en el que su propuesta latina encuentra un hogar, una familia. Ahora la pregunta es si recibirá una respuesta similar en Lima, donde ya ha cantado, y sobre todo si es que traerá a esta ciudad todos los elementos que causaron furor en Estados Unidos en un recinto diferente, sin techo, y cuyos accesos, salidas y ubicación requieren que las asistentes se armen de valor. Que sean unas reales ‘bichotas’. //
