Décadas de impacto transforman el paisaje en el oeste de Puerto Rico

Décadas de impacto transforman el paisaje en el oeste de Puerto Rico

Cabo Rojo – Sentado en el lugar donde se erigieron las chozas de sus abuelos, un pescador recuerda una bahía de Boquerón que rebosaba de sardinas, ostiones y otros moluscos. Allí, donde desde los 5 años se enrollaba los pantalones y tiraba un cordelito a la ensenada, aún mantiene su bote de pesca, pero las salidas al mar no traen la misma bonanza de antes.

Jimmy Creitoff Vargas solía partir temprano y regresaba con sardinas frescas y “40 o 50 libras” de pescado. Los ostiones eran tan abundantes que podían llenar cinco o seis baldes. Hoy, la captura de una tarde en el vaivén de las olas se cuenta con una mano.

“Había abundancia de todo eso aquí. Y todo eso ha ido mermando, todo”, narra.

El pescador, comerciante y maestro retirado ha sido testigo del avance de la erosión costera, de la dureza de las sequías, de la sustitución de árboles por cemento, de la desaparición de un área de producción de sal –o “salina”– y de cambios en el comportamiento del mar. Pero también ha visto cosas positivas, como la recuperación del agua prístina de la bahía, que por mucho tiempo recibió descargas de aguas usadas.