Así logró una universidad ucraniana escabullirse de la invasión rusa y seguir operando con libertad desde la nube

Así logró una universidad ucraniana escabullirse de la invasión rusa y seguir operando con libertad desde la nube

Todo cambia con el tiempo. Incluso la guerra. Con los cambios tecnológicos cambia también lo que es posible dentro de una invasión o una ocupación. Las técnicas, lo que se debe hacer y cómo hacerlo para asegurarse de controlar un territorio cambian bruscamente. 

Aunque no seamos conscientes de ello, en nuestra época, ocupar un territorio ya no es tan fácil como hace un siglo: ya no vale solo con ocupar físicamente un lugar, conseguir la información que atesoran allí y doblegar a las personas que lo habitan. Ahora hace falta también controlar el flujo de su información digital.

Información que proteger a toda costa

La consciencia de que no podían simplemente dejar pasar la situación

Eso es algo que Rusia ha hecho patente con la invasión de Ucrania. Especialmente en casos muy particulares de la misma, como el de la Universidad Técnica Nacional de Jersón (la KNTU, por sus siglas en inglés). Una universidad que, si bien su antigua sede física estuvo ocupada por el ejército ruso, sigue operando con normalidad como un campus virtual, sin una sede física única, para seguir ofreciendo una educación a los jóvenes ucranianos.

¿Cómo es eso posible? A pesar de que el 1 de marzo de 2022 las fuerzas de ocupación rusas tomaron el control total de Jersón, el departamento de tecnologías de la información de la universidad supo ver la magnitud de la amenaza a la que se enfrentaba y decidió hacer algo al respecto: debían acabar con toda la información que estaba depositada en la universidad.

La razón es evidente: entre sus archivos, tanto físicos como digitales, había archivos científicos, pero también registros de movilización y expedientes de personal. Eso ponía en riesgo la vida de muchísimas personas y debían hacer algo al respecto. Por eso la trabajadora responsable de los archivos, tras conseguir acceder al edificio, destruyó personalmente todos los ficheros en papel. Pero quedaban aún copias digitales en los servidores del centro de datos. Y ahí es donde surgió la duda.

Destruir los servidores físicamente sería difícil y poco práctico. Además de destruir un conocimiento institucional cuya recuperación llevaría años, si es que no décadas. Pero migrarlo digitalmente, para poder mantener toda esa información, era algo que en circunstancias normales llevaría un esfuerzo coordinado de meses. Solo que esas no eran circunstancias normales. De ahí que el departamento de tecnología de la información decidiera contactar con la asociación URAN, la Ukrainian Research and Academic Network, que a su vez se puso en contacto con Microsoft. Así se dieron las condiciones para lograr lo que en cualquier otro contexto se hubiera considerado imposible.

El problema de la ocupación

Cómo hacer sin medios lo que normalmente llevaría meses

Para hacer una migración de esta clase en territorio ocupado existen dos problemas esenciales. El primero es que el ejército ruso controlaba lo que ocurría en la red. Cualquier clase de pico extraño en el uso de internet sería sospechoso, lo cual no permitía hacer grandes subidas de información. El segundo es que haría falta que hubiera alguien físicamente en la universidad. Este era el problema con una solución más delicada.

Fue una empleada del departamento de Tecnología de la Información quien decidió hacerlo. Tenía que atravesar controles a diario, asegurarse de no levantar sospechas yendo todos los días a la universidad y merodear por un territorio ocupado cuando la inmensa mayoría de la gente no se atrevía siquiera a salir de sus casas, todo mientras transportaba claves críticas del sistema en unidades portátiles. Si hubieran encontrado lo que transportaba, la habrían arrestado. Y de ahí no solo habrían fracasado en la migración, sino que probablemente no habrían vuelto a saber de ella. Pero consiguió hacerlo día tras día sin que nunca descubrieran sus intenciones.

Antigua sede de la Universidad Técnica Nacional de Jersón.Oficina de prensa de la KNTU.

Sin los esfuerzos combinados del departamento de TI y Microsoft, hubiera sido imposible que dividieran los cerca de 20 terabytes de información y los transfirieran a servidores seguros

Mientras, la migración se daba por las noches. Con cuidado y de forma lenta y metódica, aprovechaban los momentos en que la monitorización debía ser menor y, especialmente, una falla de las fuerzas de ocupación: limitaban la velocidad de cada conexión individual, pero no restringían el número total de conexiones. De ese modo podían descargar muy lentamente, pero desde muchos equipos diferentes, repartiendo la labor entre todos ellos.

Todo esto fue gracias a herramientas específicas desarrolladas tanto por Microsoft como por el propio departamento de Tecnología de la Información. Sin los esfuerzos combinados de ambos, hubiera sido imposible que dividieran los cerca de 20 terabytes de información y los transfirieran a servidores seguros. Y remataron la jugada destruyendo físicamente la copia original a medida que iban copiando los datos, de modo que, cuando se copió el último archivo, bloquearon remotamente los discos duros para que fuera prácticamente imposible recuperar ninguna clase de información de ellos.

Lo que encontraron los ocupantes

Una universidad que continúa a pesar de todo

Inevitablemente, las fuerzas de ocupación rusas llegaron al centro de datos de la universidad, pero todo lo que se encontraron fueron equipos que no podían utilizar e información a la que no podían acceder. Algo que podemos constatar porque el departamento de tecnología de la información reconfiguró algunas cámaras a través de un canal de wifi oculto para ver lo que ocurría en su ausencia, y vieron en tiempo real cómo los ocupantes se apoderaban de la sala de servidores.

Pero no les sirvió de nada. Ya habían movido la universidad de lugar. Quizás no físicamente, pero sí la parte más importante: toda su información. Todo lo relevante de la institución, todo lo que permite que opere de forma normal, estaba a salvo en servidores externos lejos del control de las fuerzas de ocupación. Y solo era cuestión de tiempo que volviera a funcionar con normalidad.

Ahora la Universidad Técnica Nacional de Jersón opera con toda la normalidad posible dadas las circunstancias, gracias a estos gestos heroicos y aparentemente imposibles que protagonizó su equipo técnico y que en otro tiempo hubieran sonado a ciencia ficción, si no a un sueño. Pero eso es lo fascinante y lo terrible del paso del tiempo y la evolución de la tecnología. Que lo cambia todo y nos obliga a adaptarnos a las circunstancias y a pensar en cómo reaccionar ante todo. Incluso ante la guerra y la ocupación. Porque lo que valía hace un siglo ya no vale ahora. Porque todo cambia, hasta las historias de resistencia.

Periodista y escritor. Cultura, videojuegos, política y filosofía es lo mío, pero seguro que me lees hablando de alguna cosa más.