Hay personas que nacen con la brújula apuntando hacia la solitud de las cumbres. Mariana Royo es una de ellas. Nacida en Huesca y criada en el corazón del Pirineo aragonés, creció arrullada por la imponente presencia del Aneto y el Monte Perdido. Esa infancia entre furgonetas y campamentos esculpió en ella una personalidad marcadamente independiente, incapaz de encajar en rutinas de oficina o empleos de cuatro paredes. Hoy, a sus 28 años, ha hecho de la vida nómada y el movimiento overland su auténtica profesión.
Su aliada incondicional en esta travesía es Ak, una dálmata de nueve años con la que comparte algo más que el camino. La complicidad entre ambas es el motor de un viaje que desafía los estándares sociales convencionales.
“Cuando cumplí los 18 sabía que mi hogar era la montaña. Esa búsqueda de libertad, digamos, y de independencia fue lo que hizo que me decantara por esta vida”, relata Mariana al explicar su rechazo a los horarios fijos, una necesidad de cambio constante que también vincula a su TDAH.
Tres años para construir un refugio rodante
Viajar con una mascota bajo tus propios términos exige autosuficiencia. Ante las dificultades de encontrar hoteles que admitan perros y con el deseo firme de esquivar las multitudes, Mariana decidió crear su propia casa. Con sus ahorros, adquirió en 2023 una Santana Aníbal, un robusto todoterreno al que bautizó cariñosamente como “Lenteja”.
“Cuando cogí este coche ya tenía en mente que quería hacerlo mi casa, adaptarlo para vivir aquí adentro. Tampoco algo súper elaborado porque todo tenía que ser hecho por mí y he tardado tres años en camperizarlo”, confiesa. Equipado con cama, cocina y una tienda de campaña, el vehículo se convirtió en el pasaporte de la dupla hacia la libertad absoluta.
Juntas han devorado kilómetros a través de la Cordillera Cantábrica, los Montes de León y la geografía alpina de Francia. La aventura, por supuesto, no está exenta de retos: desde lidiar con las estrictas regulaciones de pernocta en España hasta las inevitables averías mecánicas que, lejos de frustrarla, le han enseñado lecciones invaluables de paciencia y resiliencia.
Inspiración autodidacta a través del lente
El viaje de Mariana y Ak no se queda solo en la carretera; se expande en las redes sociales a través de postales de una belleza sobrecogedora. Ak es la musa indiscutible de cada encuadre. Corriendo por valles infinitos o posando ante lagos helados, la dálmata es el centro de una comunidad digital que no para de crecer.
“Quería capturar todos nuestros recuerdos. Ella es la protagonista de esta aventura y es la razón por la que todo comenzó”, explica Mariana, quien de manera autodidacta aprendió a dominar la fotografía para inmortalizar su diario de ruta.
Más allá del paisaje, el mensaje de Mariana busca espantar los miedos de otras mujeres que desean viajar sin compañía: “No tienes que depender de que alguien te acompañe para hacer las cosas… No esperes a que alguien lo haga porque nadie lo va a hacer por ti”.
El próximo destino ya está fijado en el mapa, aunque no en la agenda, porque su filosofía es fluir sobre la marcha. En pocas semanas, Mariana, Ak y «Lenteja» enfilarán el rumbo hacia los Alpes para perderse entre sus 1.200 kilómetros de cordillera. Para ellas, ese viaje no es solo una nueva ruta, sino la consolidación de un sueño de independencia total.
